jueves, 16 de junio de 2011

Compartiendo mis preguntas con mis lectores


Este fue mi desayuno esta mañana:

1. Pensar diferente al resto de la sociedad tradicional, por lo que eventualmente se produce una lucha por encajar dentro de ella. Esto incluye la autosuficiencia, la determinación sin inhibiciones, ver a Dios fuera de la religión, ver al hombre como una opción y no como necesidad, ser feliz cuando implica la infelicidad de los demás, entre otros.

2. Amar la educación y la instrucción porque te hacen más prudente, inteligente y sabio. En cambio, por obtener una preparación por gusto propio se debe enfrentar las consecuencias de ser considerada una persona irregular, disidente y problemática. El hecho de tener un punto de vista y análisis que varían de una gran porción de la comunidad donde uno vive hace que uno no sean tan agradable a los demás, por lo que consecuentemente no disfruta de ciertos privilegios “normales”.

3. Una mujer educada tiene acceso a grandes potenciales, pero no a grandes amantes. Se ve arrancada de sus deseos de estabilidad emocional porque domina en todos los ambitos restantes de su vida (y pues no se puede dominar en todo, ¿verdad?). Es como si la sociedad dijera: si tienes todo lo que necesitas, ¿por qué buscas pareja?

4. Hasta cierto punto, la homosexualidad se convierte en una amenaza. Siendo el género masculino una minoría en el globo terrestre, muchos de ellos están expresando su ingreso a la comunidad gay. Muchas de las mujeres que son heterosexuales deben enfrentar la soledad, pues otras homólogas suyas han despedazado a hombres buenos, o los hombres buenos ya encontraron a alguien, o los que quedan hacen un trabajo fenomenal acordándoles las bendiciones de la soledad, o el resto es gay. Además de que socialmente se acepta más la relación hombre-hombre que la de mujer-mujer, ¿cómo muestra uno su respeto a la diferencia sexual a la vez que esa misma diferencia pone a uno en tres y dos?

5. Con las redefiniciones de lo que la palabra “género” significa en el siglo XXI, ¿en qué posición queda la mujer? ¿Qué es ser mujer hoy día? O, llevando la pregunta al otro extremo, ¿qué significa ser hombre ahora? ¿Qué debe una mujer esperar de un compañero en estos días? Por sencillo que parezca, esta situación abre puerta a muchísimas confusiones y malos entendidos; en especial cuando se derrocan viejos estereotipos para plantear nuevos.

6. ¿Qué pasa si tenemos el deseo de cometer nuestros propios errores, evitando los de nuestros antepasados? ¿Qué pasa cuando no seguimos los mismos patrones de juventud, vicios, relaciones, trabajo, convivencia de nuestros padres; pero tampoco los de nuestra generación? ¿Por qué ciertos errores son aceptables pero ciertas innovaciones no? y ¿por qué tantas preguntas? Se supone que esto fuera sencillo, o sea, vivir se supone que fuera algo fácil de manejar. Quizás no.

7. ¿Se supone que yo encaje en el mundo, o el mundo encaje en mí? ¿Quién recibe el servicio? ¿Qué es el mundo? ¿Quién soy yo en él y qué es el mundo en mí? Y si el mundo y mi mundo son totalmente opuestos, ¿eso me hace ciudadana de los dos? ¿Cómo distinguir el espacio que existe entre uno y el otro? ¿Ese espacio soy yo?

8. Odiar la televisión o los medios masivos parece ser el gran anatema del siglo nuevo. Llenarse la barriga con basura y alimentar la mente con lo mismo es tener el cuerpo en la misma página. He pensado que no esta mal tener una hora de buenas noticias. El noticiero de las siete (asumiendo que todo el mundo está en casa a esa hora) comenta acerca de los padres que apoyan a sus hijos en su educación, los niños que honran a sus abuelos, los milagros en las pequeñas comunidades, resúmenes de la generosidad, el amor y la benevolencia de los desconocidos. Resalto la palabra “desconocidos” porque se llaman así gracias a los grandes conocidos del mundo que hacen todo lo opuesto a ellos. ¿Cuándo podrá verse la otra realidad del mundo por la pantalla?

9. El mito de la globalización ayuda a dejar en el olvido a millones de personas que hacen de esta existencia un viaje inolvidable. Pero es un solo globo, y se está tratando de convertir en la nueva torre que alcanzará los cielos bajo un reino y lenguaje únicos. Y como el mito anterior cuenta, la ambición del poder de uno creó la división y dispersión de los muchos. Sólo será cuestión de tiempo para ver dónde se eregirá la nueva edificación, porque el mundo no podría estar más dividido que ahora, aunque parezca lo contrario.

10. Extraño la sencillez que nos hacía seres humanos. En este punto no sé qué más decir porque no sé si me comprenderán, ya que esto no es un mensaje de texto, o un mensaje instantáneo, ni un correo electrónico. Recuerdo como en segundo grado la ortografía y caligrafía parecían ser temas de importancia para los mayores. Ahora, si no sabes abreviar un mensaje a su mínima expresión, puedes tener un serio problema de falta de actualización. Xq 100pre q2 =mente inkieta i tambn loliando…?

11. Los quiero a todos, aunque siempre tenga la mente maquinando… y esta es mi lucha diaria.

lunes, 27 de diciembre de 2010

...y una niña fue la solución


Me la llevé a la playa para honrar ese momento de soledad. Ella sólo miraba los cangrejitos que parecían decirle hola. Sus manitas pequeñas querían anillar las mías, como un símbolo de una perpetua amistad con todas las condiciones y sin ninguna. Después de un rato, las nubes la llamaron para mostrarle su circo geométrico.

Le dije, “Necesito hablar con alguien. Sé que quizás no entiendas la mitad te lo que te contaré pero necesito que me prestes tus oídos por 15 minutos y te los devuelvo, ¿sí?” Ella sonrió, asumiendo el puesto más importante que había tomado a su breve edad. Con la izquierda sobre su cabeza y la derecha sujetándole la cintura, la acerqué a mi corazón para que se pusiera a tono con él. Comencé… con extensas teorías de adultez y problemas irremediables. Sentía que al sujetarla, con ella cargaba el peso de todas mis desilusiones y fracasos.

“…porque Marianita, a veces la gente le gusta hacerle daño a uno. Y yo no soy mejor que nadie, pero hay personas que dicen cosas feas de mí y eso me duele mucho. Yo creo que soy buena, ¿verdad? Hay muchas cosas que no entiendo, quiero solucionarlo todo pero tengo tantas dudas. Me siento perdida y necesito ayuda. No sé a quién acudir”. Marianita sólo jugaba con mi cabello, con una sonrisa inquisitiva. “Por las noches me siento tan triste, no tengo amigos nena, siempre llamo por teléfono pero no consigo a nadie. Sabes, me siento sola cuando te vas a la escuela. Yo sé que estás bien y que eres muy buena con todos tus amiguitos. A veces no tengo ganas de hacer nada…”

Ese mar… dándole sonido de trasfondo a mi drama. A la vez pensaba en ese gran error de contarle a mi niña mis situaciones irónicas y sin sentido. Su mentecita tan sencilla y pura; realmente no era necesario exponerla a lo que en su tiempo tendrá que debatir ella sola. Pero ya las lágrimas me hacían carrera una contra otra, y no sentían vergüenza alguna para salir ante aquel regalito de la vida que era lo único que tenía. Meciéndola, sentía que su aureola me enternecía. Hay algo en los niños que nos hace olvidar la guerra y el espanto de la muerte. Marianita miraba sus sandalias; las movía como diciendo que sus pasos eran más grandes que la suela que llevaba. Nunca la había visto tan callada. ¿La ofendí con mis lágrimas? “Marianita, nada de esto es tu culpa, corazón. Tengo muchos problemitas, pero tú eres más grande que todos ellos. Sólo necesito más tiempo para pensar en soluciones. Ya verás que todo saldrá bien y luego comeremos helado y jugaremos con el perro. Hasta una novia le conseguiremos pa’ que no se sienta solito”. Pero ella no levantaba la vista. Ahora miraba su faldita de colores pasteles y la doblaba y desdoblaba imitando a las olas. No debí hacer esto, pensé. La mentalidad tan frágil de mi nena acaba de ser acosada, y ya que me sentía mal, ahora me siento peor. Uno por hacer las cosas bien y siempre sale dañándolas. Tengo que compensar esta molestia que le he provocado. ¿Por qué no pude quedarme en casa y encerrarme en el cuarto a recriminarme como siempre lo hago, y dejarla a ella tranquila con sus imágenes de mundo utópico sin estropear?

Con un cargo de conciencia del tamaño de mi angustia, terminé mi monólogo y contemplé el cielo en busca de alguna estrella diurna; algo que me maravillase en esta vida desmaravillada. El silencio me ahogó y por más que quise mirar a Marianita, tuve que evadirla para no descargar mis pensamientos sobre su gentileza. Vi aves que medían el aire de diestra a siniestra. También algunos barcos que parecían adueñarse del horizonte. Y con un último suspiro, recosté mi cabeza sobre la suya.

Cuando me levantaba para regresar al mundo real, Marianita me echó los brazos sobre los hombros y me dijo “Mamá, tú necesitas jugar más con tu sombra”.

lunes, 18 de octubre de 2010

Carta a un pobre diablo aristocrático


Estimado distinguido:

Como usted nunca leerá esta carta, me daré la libertad de expresarme como me dé la gana, siendo yo la autora y la primera lectora de la misma. ¿Por qué me dirijo a ud., destinatario imposible? Bueno, porque su posición de poder y fama lo alejan increíblemente de mí y de todos los que somos humanos. Ud. ha generado en mí los más tormentosos sentimientos; desde una lenta agonía hasta un coraje iracundo. Me sorprende que tenga ese dominio de mis emociones, puesto que ud. no es nadie en mi vida, ni tan siquiera me ha hablado una sola vez.

En estos días, ni tan siquiera mi madre tiene poder suficiente para decidir cuándo debo o puedo hacer algo. Sin embargo, teniendo yo un deseo desmedido por regresar a mi matriz isleña, ud. se sintió con más poder que razonamiento y se paró en frente de mis planes para interrumpirlos como Dios que se cree. Hace 2 años que no he podido respirar aire boricua por múltiples razones; entre las más importantes está la de trabajar con un sueldo miserable para una institución que cree más en los negocios que en las lenguas, al igual que ud. Llegué a esta ciudad sólo con el propósito de darle honra a mi raza y mi escasa familia; yo soy de las tantas que necesita pelear por obtener la dignidad que la Madre Sociedad no nos quiso otorgar en la niñez. Y aún así, no merezco oportunidades porque soy una simple e insignificante empleada barata ante sus aristocráticos ojos.

¿Por qué hacer que ud. lea esta carta? Las personas que viven en condominios junto con Zeus y Tritón no entienden de nostalgias ni situaciones que no pueden resolverse con dinero. Ud. vaya y vuelva a casa todas las veces que desee, no dejará de ser quien es ni le quitarán de la billetera el cementerio de presidents estadounidenses a un muerto más o uno menos. Yo, aun con mis restricciones, prefiero recordar que salí de un barrio en el que la droga, la deserción escolar y el crimen pasaron a mi diestra y siniestra, pero que luego en mi vida comprendí que los Salmos hablaban de nosotros y no de gentes como ustedes. Yo soy barrio, no me averguenzo, y también soy una jíbara. Soy de las que cree en el sereno y en beber café prieto en un coco. Yo tosté café con mi abuelo y guayé guineos para hacer pasteles también. Yo comí panapenes y bacalao; jamás lo cambiaría por un postre de $20.00 de los que ud. usa para darse un baño. Y este barrio en las entrañas de mi conocimiento no le molesta tanto que ud. tenga poder, porque de donde yo vengo, la política y los desperdicios humanos son amantes. Lo que me da coraje es que ud. ni sepa lo que significa ser humilde, ni mucho menos reconocerlo.

Ud. no me quiso dar una oportunidad; está bien. A mí me duele, pero cuando yo termine con mi carrera, ud. se va a tener que sentar en la fila de atrás con aquellos personajes que un día me leyeron al revés. Para ud. lo que está escrito en un panfleto susceptible al fuego y las críticas vale más que lo que el alma me pide. Ser humano no es fácil, pero prefiero ser de carne y hueso que ser de dólares y lujos. Las herencias concretas los buitres se las reparten, pero lo que yo deje en este mundo sólo los de mente fructífera podrán repartir y apreciar.

Ud. no me conoce. Y sepa que no me interesa que me conozca. Continuaré siendo un punto en esta institución, porque sin puntos no hay oraciones completas. Yo voy a completer lo que trató de interrumpir. Ud. no va a durar para siempre, ni su bolsillo tampoco. Sí, vaya a su casa, viaje (porque ud. puede), bese a su familia y comparta con ella. Antes de abrir los regalos o de celebrar el año Nuevo, recuerde decirle a su familia que heroicamente ud. se le atravezó a una puertorriqueña para que no pudiera compartir con su mamá ni con sus seres queridos. Y siéntase orgulloso cuando lo haga, porque será la última vez que ud. haga algo que obtendrá el resultado deseado en mí.

¡Qué pobreza de espíritu! Parto de ud., no quiero que, hablándole y escribiéndole, le preste la atención que yo nunca mendigaría de ud. Y por favor, déjeme en paz y váyase donde su respingada nariz le conduzca. Me retiro a hacer penitencias mentales por dedicarle 20 minutos a un hereje de la santa Humanidad.

sábado, 29 de mayo de 2010

Nosotros vs. el otro


Ahí va… exponiéndose, deslizándose desde el punto impermisible de nuestro control, de nuestra visión ampliada. Se vincula sin discriminación, o quizás con ella, pero no es compatible con la de nosotros. No sabemos, siempre hay algo que no sabemos de ellos. Porque son los otros, seres que inmediatamente desposeemos de nuestro cerco inmediato y ubicamos bajo otras características existenciales. Ajenos a nosotros, son dueños de lo que no precisamos conquistar a ojo visor o sentido sensato, pero ellos sí lo ambicionan. Ellos y nosotros no somos iguales.

Sin embargo, para hacer un símbolo de igualdad, se requieren de dos líneas paralelas una sobre la otra. ¿Cuál es la de ellos, cuál la de nosotros? Quién sabe. No estamos, entonces, tan alejados de ellos como parece, o como quisiéramos. Los otros son nuestros homólogos, al menos en algún nivel tabuísitco. Están tan cerca, toman la forma de nuestra sombra y se nos sientan al lado precisamente cuando nos obligamos a mirar la luz cegadora de la individualidad. Estarán eternamente destinados a ser irreconocibles en lo reconocible, la voz que llegó a ti pero que no es tuya, pero que no tiene porque ser tuya o de algo tuyo. Siempre habrán cosas que no admitiremos de nuestro ser; ahí entra en juego el otro.

¿Quién es el otro, sino un reflejo de nosotros mismos? Es una de nuestras personas, porque tampoco somos una sola. La diferencia que le vemos es sólo aquello que enajenamos de nosotros. Lo que escondemos, cubrimos por falta de cabida en nuestra existencia. Ese bagaje se lo echamos sobre los hombros al otro, al desconocido, extraño, extranjero foráneo; pedazo de nosotros que nos negamos a bautizar y auxiliar bajo nuestro razonamiento. ¿Cómo explicar el constante romance que tenemos con él? Nos fascina el otro, aquel que nunca se ajustará aquí, ese que nos obliga a trazar líneas, que en su mayoría serán transgredidas y manoseadas por la obsesión sensual; ese nos magnetiza. Interesante como sólo las palabras son las que definen los confines entre nos.

Si esto no fuera cierto, ¿por qué nos afecta la muerte de alguien si no es la nuestra? Simple: el fenecido se llevó algo nuestro irrecuperable. O por ejemplo, ¿por qué decirle eres “mío” o “mía” a una pareja si no tiene un certificado de pertenencia? Fácil es explicar que hallamos algo nuestro en el otro, o comenzamos a admitir algo nuestro que poza sobre él. Enamorarse no es más que reclamar lo propio en otra persona, y nutrirlo sin arrancarlo del otro; porque en fin no sería lo mismo sin la matriz del extraño. Pronombres como “mi, nuestro” implican una porción de nuestro espíritu en otro ser. Por eso el dolor de la separación, las discusiones o las palabras denigrantes; es la muestra por excelencia del masoquismo individual. Consejo sabio ha sido el de “no tomar nada personal”, pues cada acción dirigida violentamente hacia nosotros, solo ha sido mal dirigida hacia el reflejo del otro o viceversa.

El extraño es la extensión desconocida de nuestra existencia, pero si lo llegáramos a conocer, dejaría de ser extraño. Y mientras seamos deshonestos con nosotros mismos, siempre habrán excluídos en nuestro mundo, en la historia y en el universo. ¿Por qué es que los académicos en estos días se han preocupado más acerca de quién escribe o reescribe la historia? Porque aparentemente es de humanos manifestar sólo aquello que podemos defender. El otro no es la amenaza; realmente lo es nuestra locura de enterrar las múltiples personas que viven en nuestro interior. Lo que el externo no puede hacer por nosotros es convencernos de que no somos enteramente lo que conocemos de nosotros. Ese es nuestro trabajo.

El otro es lo que no queremos admitir de nosotros. Sin embargo es imprescindible para la definición de nuestro ego y de la vida. Siempre queremos ser como él de alguna manera y eso no está mal cuando entendemos que todos llegamos aquí mediante la misma fuente de vida. Somos lo mismo al principio y al final, pero no en el intermedio. ¿Entienden por qué debemos amar a los demás como a nosotros mismos? Es por eso. Por lo mismo que el que nos odia, lo hace como consigo mismo, nos golpea como a sí mismo. Lo único fijo en esta existencia es una silla puesta entre nosotros y ellos, en el que todos los que sobrevivimos en este mundo de identidades nos sentaremos, sea al amanecer o el anochecer.

sábado, 3 de abril de 2010

Confesión


Pensé que yendo a un loquero sería buen remedio para mí; entonces comprendí que no hay amor tan fiel y sincero como el de ustedes, mis lectores, amigos y ángeles. Aquí me presento como feligresa a confesar pecados que no me pertenecen, pero que me perturban a todas horas. Mis pecados tienen sus propios demonios y si creen que sus ojos pueden exorcizarlos al interpretar mis letras, no prosigan sin antes pedirles la bendición.

Hay un dolor que me pesa más que la vida misma. La desconfianza toma la identidad de cada hombre que conozco y no me ha permitido disfrutar de las oportunidades que cada día me trae. Quiero tener una relación sencilla, pero la desconfianza me amedrenta como mujer que se niega a divorciarse.

En otras palabras, he perdido la fe en los hombres. Y es que he conocido tantos de los que no debí conocer, que el “mal conocido” me interrumpe la vía hacia el “bueno por conocer”. Sufro demasiado con este problema porque cuando el parejo me muestra un destello de la imperfección humana, siento que me dijera que no soy lo suficientemente imperfecta para él.

He tenido que terminar sola el camino que muchos hombres iniciaron conmigo. Quizás porque yo lo vi como un “camino” y ellos lo vieron como un “pasamanos”. Cuando decidí que ya no quería seguir en la búsqueda de mi otra mitad, se aparecieron bastantes estrellas prometedoras, pero que como siempre brillaron por su ausencia. No me molesta la soledad, me molesta que los hombres me hagan sentir que la merezco. Confieso el pecado del miedo, siento terror de la imperfección del hombre porque creo que procede así con todos los sentidos de su ego dirigidos hacia mí.

Quizás tenga que ver con la desilusión de mi padre. Sentí que lo perdí hace tanto tiempo por su propia voluntad. No he conocido hombre que haya sabido dar media vuelta de regreso hacia mí, reconociendo sus errores. Muchos se han ido felices con el trofeo por la cagada que me hicieron. Desconozco si existe algo de virilidad en quebrar lo más intangible en una mujer.

Cuando estoy conociendo a alguien y él se ausenta o dice algo que lo ubica distante de mí, siento que es el final de todo. Y me da coraje porque no bien ha comenzado algo cuando ya le veo la cola, la puerta trasera. Veo en un hombre mucha motivación y de repente ya no existe y la frustración se me mete en la cama como amante usurpador.

Entonces es cuando lloro sin razón ni circunstancia; me da ansiedad y rabia, porque se me presenta claramente la película de lo que va a suceder: que el chico se aburrió de mí y por la misma que apareció, se regresó.

Las chicas siempre me dan el mismo consejo: que me vea el valor de mujer y que me merezco más que eso. Los amigos me dan la misma versión: que una gran mujer como yo no debe sufrir esas cosas. Ellos no se dan cuenta que con esas mismas palabras sufro más. Pensar en cuán excepcional puedo ser hace de mis problemas un gran paradigma. Comienzo a cuestionarme: si soy una gran mujer como dicen, entonces ¿por qué me pasan estas cosas? No debería pasar, ¿verdad? Entonces, ¿por qué? Esa última pregunta se pierde en ecos dentro de la cueva en la que se me ha convertido el corazón.

Tengo mucho miedo, amigos. Quisiera poder explicarles la angustia que me da cuando inicio algo con alguien. Siento que tengo todas las de perder, no pregunten por qué. Siento que todo es una mentira y que los hombres se me acercan porque están aburridos con sus vidas. Hoy en el parque, viendo a las parejas abrazarse bajo la sombra de los arboles renacentistas, me cuestionaba por qué no podía ser yo una más bajo un árbol, rodeada por el amor de un muchacho.

Soy de las que quieren con integridad y seguridad. También soy de las que han esperado y les han pasado el turno a otras. Soy de las que le han vendido un producto defectuoso. Soy de las que han buscado y no han hallado; que han esperado y no han recibido, y cuando recibido, no le puede pertenecer.

Tomen un segundo para pensar en mí, por favor. Vean que soy independiente y tengo una carrera profesional en progreso. Pero no tengo con quién salir un viernes, ni con quién pasear un sábado, ni con quién cenar un domingo. Tengo una boca llena de besos expirados y un alma repleta de abrazos almacenados, llenos del polvo de la desilusión.

Escribiendo esto, las ganas de llorar me chantajean. Yo no necesito un hombre, pero su mirada me ha hecho recordar lo rico que es ser humano. Y yo quiero que me digan qué hacer, porque ya no sé. No confió en ellos, siento que se retiran por diversión. Ya me cansé de que suceda, y de esperar a que suceda. Cerrando mi confesión: en el nombre de todo consejo bendito, Amén.

sábado, 3 de octubre de 2009

¿Y tú creías que sólo Kanye West interrumpe cosas importantes? Mírate y reflexiona...


¿Cómo funciona Mateo 7:7-11 "Pedid y se os dará"? Este versículo ha servido de conflicto para mucha gente, ya que la queja de no recibir es más constante que la declaración del testimonio de recibir. Ciertamente hemos sido injustos con Dios al decir de forma indirecta que Él no cumple Su palabra en nosotros, pero la realidad es que este versículo revela la ley para que Dios se haga más evidente en nuestras vidas.

Como tú y yo sabemos, "Dios no es hombre para que mienta", por lo tanto es obligación nuestra entender que Mateo 7:7 es verídico. Pero entonces, ¿por qué la queja de que no hemos recibido lo que a Dios pedimos? Bueno, la verdad, el problema radica en nosotros y en nuestra relación y percepción de Dios en nuestras vidas. Si tan sólo nos diéramos la oportunidad de entender que todos absolutamente salimos de Él y que nosotros somos la extensión de Dios en la Tierra, la visión de obtener lo que deseamos sería más fácil.

Te estarás preguntando: ¿Cómo que nosotros salimos de Dios? Pues la verdad, sí. Todos existíamos antes de la creación de este mundo porque estábamos en el pensamiento de Dios. Cuando Él pronunció las palabras de creación en Génesis, sólo eso fue suficiente para que Él obtuviese lo que deseaba crear. Como es de conocimiento general, fuimos hechos a Su semejanza, por lo tanto también tenemos el mismo potencial de pronunciar y crear. Somos creadores. ¿Recuerdas que en la Biblia dice “Somos coherederos con Cristo”? La herencia es ésa, la búsqueda y las promesas de Dios para todos.

El otro elemento a mencionar, obviamente, es la fe. Muchos dicen que la tienen y que por eso van a la iglesia y hacen lo que hacen, pero la fe no se puede medir por esos estándares. Yo quiero un Dodge Caliber azul oscuro, voy en oración y me conecto con Dios pidiéndole el carro que acabo de describir. Salgo de mi oración, pero mi fe se quedó en el deseo de recibir el carro porque tan pronto salgo de la oración comienzo a hacerme cuestionamientos acerca de cómo lo recibiré. “Uy, esos carros son caros, y yo tengo que pagar renta cada mes, no cobro lo suficiente para tenerlo, ni pensar en el seguro que le tengo que poner si lo obtengo, además la gasolina sube y sube cada día, cuando se ponga frio tengo que sacarle la nieve, etc.”. Con estas actitudes sólo le estoy acordando a Dios cuán difícil será que Él pueda darme lo que le pedí. Le estoy diciendo “yo quiero el caliber pero tú eres Dios y sabes al igual que yo lo difícil que es conseguírmelo, así que sólo se quedará en deseos y de ahí no pasará porque yo creo que es difícil, no importando lo que tú, Dios, crees”. Uff, ¿que fuerte verdad? Cuando salimos de oración, debemos salir con la certeza de que lo hemos recibido, porque los que seguimos a Dios no pedimos nada malo, y por eso mismo sabemos que Él nos lo concederá.

La otra cara de la moneda es esta: quiero el caliber, así que me voy de boca, pido un préstamo, voy a un concesionario, me llevo el primero que veo y ya lo tengo, ¡wooooohooooo! Em, la verdad que ahí acabamos de entorpecer la obra de Dios. El hecho de que esa última oración describe la forma en la que la mayoría de la gente procede para comprar un auto no significa que esa sea la única forma de obtenerlo. “Dios obra por senderos misteriosos” ¿verdad? Le enviamos la oración con la petición, salimos de la oración y comenzamos a actuar, cuando lo único que Dios quieres es que creamos, porque el actuar le toca a Él. Nos convertimos en un Kanye West cuando actuamos de acuerdo a nuestro parecer porque siempre pensamos en el presente sin entender que para Dios no existe un concepto de tiempo ni espacio; y no solamente entiende lo que pasó pero también entiende lo que pasará. Dios en medio de concedernos la petición está en la mejor parte, y nosotros en nuestro desespero y falta de fe le decimos “Dios, sé que eres Omnipotente, y me alegro por ti, pero la forma en la que yo pienso que conseguiré el auto es la mejor forma de todos los tiempos”. Y como Taylor Swift, Dios deja de hablar y se retira del escenario de la petición por completo. ¡Lo acabas de invalidar!

Dios nos concede lo que le pedimos, porque al final Dios no puede contradecirse a sí mismo. Los que estamos guiados por Dios sabemos que todo lo que le pedimos es para bien. Cada oración es una conexión inmediata que hacemos con Él porque somos una extensión de Él en este inmenso universo, y El nos la concede porque al concedernos el deseo, Él se extiende también. Por eso es que Dios se glorifica en el cumplimiento del deseo, porque Su trabajo está en eso. Y sí, es importante pedirle a Dios porque Él es nuestra única fuente para todo. No está mal presentarnos ante Él para pedirle, pues en la creación del mundo todo lo que vemos hoy es de alguna forma un deseo que Él mismo tuvo y que se logró.

¿Qué debemos recordar? Que debemos tener cuidado con lo que pedimos, porque al pedirlo, por fe ya está concedido. Así que solamente queda de nosotros el sentarnos aliviados, felices y regocijados de tener la certeza y confidencia de que pronto recibiremos lo deseado; y visualizarnos disfrutándolo porque al imaginarlo nos acordamos a nosotros mismos y a Dios cuán agradecidos estamos porque nuestras peticiones son reales para ambos (Dios y nosotros). ¡Cuán grandioso es saber que tenemos un Dios que nos ama tanto!

viernes, 3 de julio de 2009

Comprendiendo grandes verdades de la vida (carta editada)


Este ensayo es parte de una carta que escribí para una persona hace algún tiempo. Espero que pueda servirte de guía y ayuda en momentos de dificultad, y que puedas aprender de ello para un mejor bienestar comprensión de la vida.

Después de algún tiempo de reflexión e introspección, he comprendido que el amor es más grande de lo que nosotros imaginamos. Yo no sabía que el amor es el origen de todos los sentimientos en esta existencia. Al decir esto, es obvio que ando incluyendo TODO lo que se siente. Es irónico, pero cuando una persona tiene sentimientos no tan bondadosos, definitivamente fue porque sintió amor en un inicio. La explicación consiste en echarle un vistazo al libre albedrío: el hombre transforma lo siente para que beneficie sus propios intereses. Mucha gente decide sentirse diferente para justificar su actitud ante la vida. Por eso es que también se dice que el amor lo arregla todo: con él se inicia, pasamos la vida tratando de dilatarlo o contraerlo, de transformarlo o modificarlo. Al llegar el momento de sincerarnos con nosotros mismos, hallamos que el amor siempre ha estado ahí, o sea, el amor es eterno mientras existan seres humanos que puedan reconocerlo. Lo triste es cuando personas deciden vivir ignorándolo, morirán con remordimientos por despreciar una vida, puesto que también el amor es vida.

También entendí lo siguiente: nosotros somos responsables por nuestros sentimientos. Varios individuos andan por la vida echando culpas a otros individuos por su estado sentimental. Esto nuevamente es una justificación. El ser humano tiene la capacidad de responsabilizarse por lo que siente y cómo manejarlo, cómo proyectarlo hacia los demás y cómo mantenerlo o deshacerse de ello. Tú y yo sabemos que los que deciden amar sufren muchísimo, pero está en nosotros decidir cuánto más o cuánto menos sufriremos por X o Y motivo. Además, no solamente están el amor o el odio como sentimientos. Realmente el tema es mucho más complejo que eso. ¿Qué me dices de la indiferencia, el miedo, la felicidad, la alegría? El frío y el calor, aunque muchos piensen que no, también son sentimientos. Y nuevamente recae en nosotros la responsabilidad de elegir qué es lo que albergaremos en nuestros corazones: lo bueno, lo malo o lo intermedio…

Ahora, otra realidad cruda. El tiempo es eterno, pero nuestra mentalidad no. Cada día vamos cambiando de pensamiento, de opinión, de apreciación a todo lo que nos rodea. Somos seres tan poderosos que podemos cambiar de un momento para otro la dirección o el rumbo de nuestra energía vital. Podemos manipular nuestra trayectoria, pero no nuestra existencia. Por lo tanto, debe hacerse lo mejor de ello para que nunca se diga que nuestro tiempo fue uno desperdiciado e inútil. Sale a flote nuevamente nuestra responsabilidad como entes pensantes y racionales para hacer decisiones. Tenemos todo el tiempo del mundo para hacer todo lo que queramos, pero nosotros en la tierra somos solamente una oportunidad, una sola. Tiempo invertido no vuelve, jamás regresará de la misma manera. Aunque nos llegue tiempo de sobra, no se podrá emplear nunca más de la misma forma.

Esto lleva a un cuarto aspecto: las oportunidades. Un claro ejemplo de las oportunidades se observa en las plantas. Todos los días tienen la oportunidad de lucir mejor, de absorber sol y agua, de respirar. En otras ocasiones, incidentes que no pueden controlar hace que pierdan miembros de su organismo como hojas, pétalos, raíces, frutos, entre otros. Una planta que ha perdido una rama aprovecha nuevamente el tiempo y de forma fascinante regenera su rama. Debe hacerse la observación de que la rama no crecerá igual que la perdida, pero crece, se repone, ocupa el lugar de la anterior. Mejor aún, a veces hasta nacen más ramas y más hojas de la misma planta, claro está que esto se logra por el empeño de la planta. Así somos nosotros en la vida. No podemos reponer con exactitud si hemos perdido algo, pero al reconocer lo perdido y esmerarnos en trabajarlo, se puede lograr salir airoso de la pérdida. Cuando cometemos errores, también hay nuevas oportunidades para rectificarnos y demostrar nuestras verdaderas intenciones. Solamente debemos ser genuinos con nosotros mismos.

Sé que no estoy diciendo nada nuevo debajo de los cielos. Claramente estos principios son bíblicos. Pero no es lo mismo leerlo de un libro que verlo sin obstrucciones desde la mente y el alma. Al apropiarnos de enseñanzas personales, crean un gran impacto en la vida y nos transforman. Desde entonces no he vuelto a ver la vida de la misma manera.

Yo creo en el perdón, el amor, la esperanza, la fe. Cuando el apóstol Pablo escribió que de las últimas tres el amor era la más excelente, lo dijo por lo siguiente: podemos perder las esperanza en alguien y dejar de tener fe en una persona, pero esto no es suficiente como para dejar de amarla. El amor es excelente, y lo mejor es que jamás pierde la esperanza de que los seres humanos se acojan a él. La fe es ciega y el amor logra ver más de lo que ella ve. La esperanza tiende a debilitarse, pero el amor habita en la profundidad de cada corazón con el potencial de regenerar cualquier esperanza.

El amor, si no es incondicional, no es amor. Si espera algo a cambio, tampoco lo es. La forma más fácil de identificarlo es en el silencio. Este sentimiento posee algo que muchos considerarían un defecto, y es que nos habla en voz muy baja. Nos dice la verdad que nadie puede pronunciar, pero que sólo tú tienes la fortaleza para oír. Nos diagnostica nuestros pesares y le pone nombre a cada lágrima que engendramos. Pero jamás nos deja, porque es verdadero y genuino. Si pensamos que algo era amor, pero al otro día ya no está entre nosotros, jamás lo fue.

El amor es el único que se entiende con el tiempo, nosotros no podemos entendernos con él. Desde siempre han estado de la mano, han sufrido y llorando juntos los grandes desastres de la vida, pero no cesan de existir. Así deberíamos ser, fuertes como el amor y el tiempo, dejando huellas en la eternidad universal, aunque sea en nuestro propio universo.